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Expertos aseguran que la narrativa de “Beto” es FALSA tras entrevista en el podcast Penitencia de Saskia Niño; advierten sobre la romantización de criminales

La entrevista que la activista Saskia Niño de Rivera realizó al secuestrador conocido como “Beto” sigue provocando un intenso debate. Ahora, expertos en criminología, psicología forense y perfilación criminal profundizaron en el análisis del contenido del podcast y advirtieron que gran parte de su discurso podría responder a una estrategia de manipulación.

Durante esta segunda revisión, los especialistas plantearon una pregunta de fondo: si el sistema penal debe destinar grandes recursos a la reinserción de criminales que, por su perfil psicológico, podrían seguir representando un riesgo permanente para la sociedad.

Uno de los expertos lo resumió con una postura directa al cuestionar si realmente vale la pena invertir tantos esfuerzos en alguien que posiblemente no tenga rehabilitación real y que seguiría siendo una amenaza fuera de prisión.

El perfil criminal y las comparaciones con otros asesinos seriales

Para explicar mejor su postura, los analistas compararon el caso con otros criminales seriales de México, entre ellos Juana Barraza, “La Mataviejitas”. Recordaron que ella también tuvo una infancia marcada por el abuso, pero que en su caso sí existía un patrón criminal definido, ya que sus víctimas eran mujeres mayores que, según diversos análisis, representaban para ella la figura de su madre.

Los especialistas explicaron que en muchos asesinos seriales suele repetirse una lógica: las víctimas guardan semejanza con el agresor original o con la persona que detonó el trauma. Sin embargo, señalaron que en el caso de “Beto” ocurre lo contrario.

De acuerdo con este análisis, si su historia encajara por completo con la idea del “niño roto”, entonces sus víctimas tendrían que haber sido hombres adultos, posiblemente policías o figuras de autoridad parecidas a su supuesto agresor. Pero no fue así. Según su propio relato, eligió secuestrar a niños, es decir, a uno de los sectores más vulnerables e indefensos.

La elección de víctimas infantiles no sería casual

Para los expertos, este punto es crucial. Los niños son víctimas con menor capacidad de defensa, más fáciles de controlar y con menos posibilidades de denunciar o incluso entender plenamente lo que ocurre.

Uno de los analistas explicó que un niño pequeño no sabe qué es un Ministerio Público ni cómo pedir ayuda, lo que convierte a los menores en objetivos de bajo riesgo para los depredadores criminales.

Bajo esta lógica, los especialistas sostienen que la selección de víctimas infantiles respondería más a una estrategia racional de depredación criminal que a una reacción emocional derivada de su pasado.

El carisma, el lenguaje afectivo y la manipulación

Otro de los puntos que generó alerta fue la manera en que el criminal se dirigía a la entrevistadora. Los expertos observaron el uso de palabras como “manita” o expresiones cercanas como “mi amor”, las cuales interpretaron como posibles herramientas de manipulación interpersonal.

Según explicaron, este tipo de lenguaje busca generar empatía, crear cercanía emocional y bajar la guardia del interlocutor. También advirtieron que este perfil de agresores suele medir constantemente a la persona que tiene enfrente para detectar cómo influir en ella.

De acuerdo con el análisis, muchos sujetos con rasgos psicopáticos presentan alto carisma, inteligencia social y habilidad para construir una imagen pública favorable, algo que puede alterar la percepción de la audiencia y hacer que algunas personas olviden la gravedad de sus actos.

La deshumanización de las víctimas

Los especialistas también pusieron atención en la manera en que el propio criminal hablaba de los niños. Señalaron que en su narrativa aparecía una clara objetización de las víctimas, al referirse a ellas como si fueran una oportunidad, mercancía o negocio.

Este rasgo coincide con uno de los elementos más estudiados en la psicopatía: la deshumanización, donde las personas dejan de ser vistas como seres humanos y pasan a convertirse en objetos útiles para obtener beneficio.

Además, los expertos cuestionaron algunos detalles de su relato, como la supuesta vida de lujo que aseguró haber tenido en Polanco durante su adolescencia. Para ellos, esa versión deja dudas importantes, ya que resulta difícil explicar cómo un menor de edad podría rentar un departamento en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México sin documentación oficial.

Un criminal que sabe lo que hace

Uno de los momentos que más llamó la atención de los analistas fue cuando el propio “Beto” afirmó sentirse contenido dentro de la prisión. Según su versión, el encierro sería lo único que le impide seguir delinquiendo.

Para los especialistas, esta afirmación es especialmente reveladora porque sugeriría que sí distingue entre el bien y el mal, pero que aun así eligió cometer crímenes.

También señalaron que en su discurso aparecen rasgos narcisistas, sobre todo cuando habla de marcas, lujos, comodidades y de una imagen personal cuidada. En ese contexto, los analistas concluyeron que el dinero y el poder parecen ser elementos centrales en su motivación.

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La preocupación por la romantización del criminal

En la parte final del análisis, los expertos expresaron inquietud por las reacciones que el caso ha generado en redes sociales. Incluso señalaron que algunas personas habrían organizado colectas para enviarle productos de higiene personal a prisión.

Para los especialistas, este fenómeno demuestra cómo el carisma, una narrativa emotiva y una exposición mediática adecuada pueden generar simpatía hacia un agresor, incluso cuando se trata de delitos gravísimos.

Advirtieron además que este tipo de respuestas públicas desvían la conversación: el foco termina puesto en el criminal y no en las víctimas. Y eso, señalaron, resulta sumamente peligroso para una sociedad que ya vive marcada por la violencia.

Las víctimas siguen siendo las grandes olvidadas

El análisis cerró con un recordatorio contundente: detrás de cada secuestro y cada asesinato hay familias destruidas, padres marcados de por vida y comunidades enteras atravesadas por el dolor.

A diferencia del agresor, subrayaron, las víctimas no reciben atención mediática, ni cartas, ni muestras de apoyo. Son ellas, dijeron, las que quedan relegadas mientras la figura del criminal ocupa titulares y conversaciones digitales.

Los especialistas insistieron en que el verdadero centro de cualquier discusión debe estar en el daño causado y en quienes lo sufren, no en la construcción de una imagen casi fascinante del victimario.

El caso de “Beto” continúa creciendo en redes sociales y ha reabierto una discusión de fondo en México: cuál es la línea entre informar, analizar un perfil criminal y terminar romantizando a quien cometió crímenes atroces.

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